Creo que pertenece mis delirantes y estupidas galerias que recubren mis espacios mentales
Quizás las cosas que en un comienzo parecen ser buenas, al final no lo son. Así que he decido crearte. Tu serás el motivo, mi musa e inspiración. ¿Y por qué tu?, Te preguntarás. Sencillo. Serás quien jamás me hiera, por que como me vas a herir si seré yo quien gobierne todos tus movimientos, todos tu pensamientos. Actuaras de manera justa, delicada, conocerás mis más íntimos deseos y anhelos. Serás perfecto, física, espiritual y mentalmente. No conocerás la palabra error y muchísimo menos la entenderás y darás espacios a otros a comértelo. A mis ojos serás infalible, un semidiós creado a imagen y semejanza de lo que considero ideal.
Tomó un sorbo más, y otro y otro más. Mientras se deleitaba pensando en el ser a punto de nacer, creado por ella, quien recibiría el soplo de vida gracias a su existencia. Que con ella lo sería todo y sin ella no sería ni el recuerdo, porque no existiría. Otro sorbo más de esa copa casi vacía, que había sido llenada ya en varias ocasiones y que según desaparecía el zumo del olvido en ella, embriagaba el raciocinio de la poetiza, de la diosa que gracias a su imaginación y sus labios y papel daría a luz a una nueva deidad.
Sobre un amplio escritorio de caoba una libreta de gruesas paginas que mostraban dibujos fantásticos los secretos de la nueva vida, entre tachones y dibujos en los márgenes una pluma fuente dibujaba el hechizo, la prueba de la esquizofrénica intención de crear un ser perfecto para compartir.
La iluminación amarilla, casi apagada por la tristeza de la habitación, del sentimiento, de la atmósfera terrible que ocultaba en sus adentros la trágica personalidad de la dueña de la recamara, tenía en sus adentros el púrpura, el misterio de una imaginación interminable, hechizada por los conjuros que combinaban bombardeos de tristezas externas que eran explotadas en las débiles murallas de piedra pómez de una personalidad debilucha y sombría.
La descripción mas contradictoria iba de a poco rellenando el grosor de las páginas que no se resistían a la información delirante que se les regalaba. Con astucia permitían que se compartieran con ellos los secretos de un alma ridícula que voluntariamente decidía alejarse de la realidad, solo por el hecho de que en un futuro alguien más sensato encontrara su tesoro y pudiera disfrutar entre risas burlonas de la estupida solución de un alma que a si misma de castraba de la oportunidad de continuar participando de la realidad.
Así pasaba el rato, otorgándole a su creación cualidades de personalidad y físicas que solo ella podía encontrar en sus más íntimos deseos. Y mientras esto sucedía iba recordando todas aquellas cosas que alguna vez le hicieron sufrir, en su mente hacia un minucioso estudio de sus más frustrantes deseos para que no se escapara ningún detalle, para así llenar de belleza su creación enloquecida.
Su pelo ondulado había perdido ya la forma, bajando rebelde por entre sus hombros caídos. Un rostro sombrío repleto de marcas rojizas muy lejos de ser rubor, sino capilares hinchandos que protestan por las largas horas de crudas muecas a fuerza del llanto desesperado que bajaba como cuchillas por sus mejillas agotadas. El morado de sus ojeras remarcada por la pequeñez por la intentaba enfocar de manera fallida su mirada delataban su penosa condición de insomnio y embriaguez. Y así mismo lucían sus manos que no lograban disimular los surcos que dibujaban sus venas recrecidas. Y finalmente su cuerpo que no recibía ningún tipo de indulgencia, era castigado mientras sin probar bocado y recibir un baño en dos días se veía obligado a recorrer sin parar el mitigado espacio a que su duduela se había auto impuesto.
Finalmente luego de que varias veces el reloj de arena había sido cambiado de posición la obra estuvo terminada. No había descripción más perfecta de un ser. Así que con las poca autoestima que le quedaba había decidido sentirse orgullosa de su invención, a la que solo le faltaba el nombre.
El nombre, debía ser muy meditado ya que sería el último paso para conferirle vida. Delibero por algunos minutos y estando decidida que el nombre que había escogido era digno de su personalidad le llamó Dante.
Ahora eres Dante. Eres el ser más perfecto del planeta, creado por mi, para mi.
El producto de su invención abrió los ojos, miro a su alrededor y camino curioseando cada rincón, todo era nuevo, todo le era fantástico. Ella sonreída se acercó a él y le informó de su intenciones para con él mientras el la miró estudiándola con detenimiento. Cuando acabo con su escudriño continuo su camino por la habitación hasta llegar a un espejo de fabulosas dimensiones.
Gracias a la inteligencia que su madre y en teoría amante le había conferido no tardó mucho en notar que su reflejo era él quedaba estampado en esa pared de poderosas cualidades.
Se observo con detenimiento notando sus dimensiones, y las facciones de su rostro y estudio sus elegantes movimientos naturales. A través del espejo miró a su hacedora, y volvió a estudiarla y se miro así mismo. Observó la belleza con la que había sido bendecido y decidió que tanta belleza no era digno de un ser tan maltrecho y enjuto como aquel que se reflejaba a lo lejos mientras le miraba con una gota de esperanza en unos ojos cansados y apagados.
Dante miró con desdén a su madre-amante. Ella se acercó para estrecharlo entre sus brazos. Al sentir el olor de su piel sucia y de aroma rancio a sudor y alcohol envejentado, la considero basura y la rechazó con una mirada envenenada que poco a poco penetraba destruyendo lo que restaba de un alma moribunda, despojándola de la poca luz que le restaba.
Sintiéndose amenazado por la idea de que un ser tan inmundo le había hecho nacer agarro su débil cuellos entre sus manos y le obligo a espirar. Cargando consigo su primer pecado, no digno de su perfección.
-
Mood:
Mortified -
Listening to: Velvetina
-
Reading: Los Borgia
Add Media
Style